Indudablemente,la vida se ve distinta con el paso de la edad y la evolución personal ylaboral. No hace mucho, con un compañero de trabajo, visitábamos un cliente y,al mirar dentro de la oficina vi unas cuantas decenas de personas trabajando,probablemente un centenar, y comenté: “Madre mía, cuántas nóminas a pagar”.

Me sucede enocasiones que al ir a visitar empresas de las grandes capitales, normalmentemultinacionales, encuentro una décima parte del personal en la calle o en lapuerta de la oficina fumando. Imaginad ese cuarto de hora de bajar, hacer el piti y subir; multiplicado por todos losdías laborables y por todos los trabajadores que fuman. Da para pensar…

Pero en este artículo quiero escribir sobre el uso delas Redes Sociales y cómo se utilizan en el trabajo. No me interesa tanto haceruna aproximación desde perspectivas legales y analizar las normas que sancionanel abuso de las RRSS como comentar, desde el sentido común, qué me pareceadecuado hacer con este fenómeno al que tal vez ya no podamos calificar ni denuevo, ¿verdad? Se trata, por tanto, de mi opinión, nada científica y quepodéis comentar y criticar sin piedad 🙂

En Ncora tenemos a más de la mitad de la plantilla haciendo teletrabajo, bien sea en un proyecto en casa del cliente, bien sea en el propio domicilio de nuestros compañeros. Basamos la relación laboral en la confianza mutua. Twitter, por ejemplo, es genial, porque vas viendo qué hace cada uno. También nos comunicamos mucho por chat y es una forma excelente de sentirnos unidos como equipo. Obviamente, no busco nunca el control del trabajador con el ánimo sancionador, sino más bien todo lo contrario: saber que todos están bien y ayudarles en un momento determinado si está en nuestras manos.    

teletrabajo

Y luego está elequipo de personas que trabajamos en la oficina de Sóller, que tiene queconvivir con los jefes 🙂 Obviamente, dado que hay que tratar a todo elmundo de la misma forma, si no se persigue el mal uso de las RRSS de losteletrabajadores, tampoco hay que hacerlo con los compañeros que tenemos justoal lado.

Algún cliente al quehemos implementado soluciones de seguridad para el control de acceso a Internetnos ha comentado que era terrible el número de horas que muchos trabajadores ytambién jefes pasaban conectados a redes sociales como Facebook. Al cortarse elacceso a éste, hubo una pequeña revolución en la empresa y las quejas fuerongeneralizadas. Obviamente, nada de lo que se hacía en Facebook era productivopara la empresa, así que la discusión se acabó rápido. Ahora bien, no tengoclaro que la prohibición total sea el mejor método para hacer las cosas.

Seguramente todostenéis Whatsapp. Yo debo ser de las pocas personas que quedan en territorioscivilizados que no utilizan este servicio. Visto en positivo, el uso de estesistema de comunicación puede ser genial para alguien que lo utiliza de unaforma responsable: puede saber si su hijo está bien si ayer tenía unas décimasde fiebre, puede aprovechar para felicitar el cumpleaños a un familiar/amigo, ypuede incluso planificar la cena con sus seres queridos. Todo esto, bienempleado, son pocos minutos al día que se dedican en horario laboral. Pretendercambiar esto creo que es equivocado y que nos va a abocar a un problema con lostrabajadores.

Ahora bien,imaginemos el mismo caso anterior pero en el que el trabajador hace un usoabusivo de la herramienta: tiene puesto todos los sonidos para amenizar a loscompañeros de trabajo los centenares de notificaciones, está enganchado al whats y no deja de leer ni de responderni un mensaje. Si sumas las horas dedicadas casi vale más que no vaya atrabajar. Además, las interrupciones de las tareas que debe realizar no van aincidir nada positivamente en su tarea diaria, cometerá más errores y perderála concentración en temas claves.

Creo, por tanto, que no hay que prohibir taxativamente esta red social, aunque tampoco ser 100% tolerante con usos abusivos de la misma. Estaría bien hacer advertencias puntuales a las personas que estén más enganchadas a estas tecnologías o sentarnos con ellas y comentarles que ‘se están pasando’ y que convendría que cambien su actitud si quieren seguir trabajando en la empresa 🙂

RRSS

En mi generación,la mayoría de trabajadores tenían un gran compromiso con el trabajo y sevigilaba mucho el no hacer el tonto, la impuntualidad o las bajas nojustificadas. Sin embargo, lo que veo en las nuevas generaciones es bastantesorprendente y no en positivo, precisamente. Parece que la escala de valores hacambiado radicalmente y el trabajo no está entre las prioridades vitales de losjóvenes. Hablo siempre de forma genérica, claro está. Tengo la fortuna de tenermuchos compañeros y compañeras jóvenes en Ncora que son personas muyresponsables y profesionales y que sí que valoran el trabajo como algoimportante.

Existen redessociales privadas como una que adquirió hace unos años vmware llamadaSocialcast (gratis hasta 50 usuarios). Es una buena idea para que lostrabajadores se comuniquen entre sí y es muy positivo para la empresa que seestrechen lazos personales.

Al final, comotodo en esta vida, la solución a los problemas es muy sencilla: compórtate enel trabajo con la misma ética que lo haces en tu casa. Seguro que no tendrásproblemas ni causarás problemas a compañeros ni a jefes de tu empresa. Sé unbuen profesional y da ejemplo con tu actividad diaria. Ahora bien, si eres un desastreético en casa…

Y vosotros, ¿quéopináis sobre las RRSS y su uso en el trabajo? ¿Pensáis que se abusa? ¿Creéisque debemos ser más permisivos? Seguramente un viejuno como yo que se acerca alos 50 es muy estricto y me gustará escuchar la opinión de los millenials, aver qué decís. Espero que no sea “puede usarse Facebook 7 horas al día en eltrabajo y luego una para trabajar, si eso” 😀

¡Hasta el próximopost!

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